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En 1901, Enrique Granados fundó una academia para la formación
y el perfeccionamiento
de pianistas con el propósito de transmitir la técnica, especialmente
en pulsación y en uso
del pedal, que le permitía conseguir la sonoridad y estilo que le caracterizaban.
Al morir repentinamente, el año 1916, su discípulo
y colaborador en la tarea pedagógica de
la academia, Frank Marshall, se hizo cargo de la dirección y amplió su
actuación a otras
disciplinas musicales.
Se formó una extraordinaria generación de pianistas
y pedagogos que han dado a nuestra
tierra un sólido prestigio en todos los ambientes musicales.
El año 1959 fue Alicia de Larrocha quien se responsabilizó de la
continuidad de la
Academia. Durante su larga carrera como concertista ha delegado la dirección
de estudios
en Juan Torra, Mercedes Roldós y Carlota Garriga sucesivamente.
La tradición pianística de Granados, tanto en técnica como
en estilo, tiene más de 100
años, y es evidente su influencia en el arte del piano.
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